FrasesCitas

Escribid un libro que no tenga márgenes en los que acabar siendo reescrito

Sergi Gros

huacanamo Jueves, 28 Enero 2010

Un grito en la noche capaz de levantar el polvo de la Luna.

HABRÁ UNA VEZ UN HOMBRE LIBRE, DE NACHO ESCUÍN.


28/01/2010

R. M. El Periódico de Aragón


He aquí la voz de un joven poeta aterido que adora "las luces de Lisboa, redondas y descomunales", que vigila de noche la respiración cansada de su padre mientras piensa en las chicas que jugaban a las palas en la playa "y a cada golpe recolocaban su biquini para no mostrar más de lo que deseaban". Es muy difícil encontrar a un poeta joven más poeta joven que este Nacho Escuín, mostrado en este libro desde ese ensimismamiento desvalido (él que es puro brío), que se atreve a decir: "Cómo me gustaría encontrar un lugar en el que descansar mis asustadas manos... las manos que se asustan al verme herido...". Y se revuelve, revirado y con rencor, hacia el punto justo de la noche donde aún respira alguien de la estirpe de Eva: "huidiza, canalla y fingidora", a la que lanza un "guárdate los besos para otro".

Sale el poeta joven a la gran ciudad que se lo traga, a él que quiere vaciarse los bolsillos para llenarlos con los fulgores de esa madrastra de viento atroz: "Recuerdo en aquella noche de niebla espesa / la caída de dos lágrimas al ver las luces de la ciudad". Regresa el autor a sí mismo y se encuentra con la memoria a media persiana y la moral sin pilas: "Nos hemos equivocado tanto, tanto, tanto, que mil cervezas ya no van a arreglar nada". Y se lamenta: "la vida me esperaba demasiado cargada de bombo, demasiado brava...". La Plaza San Francisco como el Salón Internacional del Mobiliario Urbano

Pero este autor tiene una debilidad de tal potencia que su grito en la noche levantaría el polvo de la luna, que se revolvería como un hilacho luminoso. Aunque, al contrario de Job que clamaba desde el abismo (de profundis), el joven se limita a susurrarse cosas, sin dirigirse a nadie: "Deja que la niebla lo trague todo y te trague a ti, tarde o temprano se cansará y bajará los brazos".

Hasta que llega la segunda parte y el poeta joven se vuelve transitivo a fuerza de palos: "Lupita se muere y es imparable, y lo único / que hoy soy capaz de hacer es escribir / sobre ella".Y ante ese abismo ahora, más hondo, quizá, que el suyo, "Lupita se muere lentamente, pronto no va a tener con qué luchar", el poeta joven siente que ahora podrá al menos despedir al dolor de un grito, al conocer su nombre.


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